producción escrita

 

 Tiempos de la transferencia en el análisis de niños

Caso clínico Valentina – 8 años

Marcela López
marmar_lo@yahoo.com

 

Primer hora de clase, de un día lunes, luego de un fin de semana en que muchos chicos habían visitado la Feria del Libro, la maestra de Valentina pregunta “quienes consiguieron el libro de cuentos que les pedí?”, Valentina responde levantando la mano igual que sus compañeros. A la siguiente pregunta de la maestra “lo leyeron? Que sucede en la página 25?”, Valentina contesta “Seño, voy a tener que decirle a mi mamá que lo cambie porque esa página no vino en mi libro, esa página falta”.

Valentina no tenía su libro. Ésta y otras mentiras son las que motivan a consultar a los padres de la niña, quien también se estaba portando mal, inventaba historias que eran descubiertas varios días después, y robaba a sus compañeros en la escuela.

Los padres dicen; “Está terrible, ella dice que no sabe por qué lo hace. Siempre le damos todo pero ahora ella encuentra la falla en todo, siempre quiere más y a todo le encuentra un pero”.

Estos síntomas aparecen dos años después de la última operación de Valentina donde le amputan su pierna izquierda, a raíz de una malformación generada por el Síndrome de Vater.

(Síndrome de Vater: Enfermedad congénita del crecimiento que trae como consecuencias defectos vertebrales, atresia esofágica con fístula traqueosofágica, anomalía cardíacas renales y defectos en miembros.)

El padre dice: “No sabemos como hacer para satisfacerla, a veces quiere mucho algo y luego cuando lo tiene, lo usa un ratito y nada más. Cambió, antes de chiquita se dormía con nosotros, le leíamos un cuento en la cama nuestra. Ahora desde que miente le pusimos el castigo de no llevarla más a la cama.”

Se inician los primeros encuentros con Valentina.

En su primer sesión Valentina elige jugar un juego que consistía en armar palabras con letras sueltas, palabras que cada una tiene que ir descubriendo a partir de adivinar y preguntar a la otra “tenés la letra tal?”.(como el juego del ahorcado). En el primer partido Valentina propone colocar cualquier letra y ver luego “qué sale”. Así es como agrupa una serie de letras cuyo único enlace fue que algunas de ellas eran las letras de su nombre, por lo cual me aclara “no lo elegí, no puse mi nombre”.

En otra oportunidad, Valentina me dice “esta vez vamos a poner palabras en serio. No como la otra vez que te mentí y te hice trampa..”, y se ríe. En esta oportunidad las palabras que arma y se develan son SOL y NUBE.

Empiezan a repetirse una serie de situaciones en el juego donde aparece un común denominador, que podría sintetizarse como “creer que era una cosa y resultó otra”. Aparece entonces en la trasferencia la dimensión del engaño.

Se interrumpe el juego, Valentina falta. A la sesión siguiente me cuenta: “se murió mi compañero Eduardo, le estaban haciendo un transplante y se murió. Estuvimos  muy tristes todos, todo el grado, menos una nena que es nueva y no lo quería como nosotros”.

En esta sesión quiere dibujar, pinta una nube con témpera azul, pero no le gusta y empieza a cubrirla con témpera blanca encima, diciendo “hago así para tapar”. “no se nota, parece que está más nublado”.  Una nube que tapa y que a la vez devela que está nublado, que el sol no está.

A partir de las sesiones siguientes se inicia un tiempo en que Valentina comienza a recolectar materiales para “armar cosas”. Materiales de desechos como tapitas de gaseosas, cajitas de cartón, tarritos, etc. con los que ella propone “hacer inventos”.
Primero arma una caja a la cual decora y coloca su  nombre, y luego empieza a guardar allí dentro todos esos materiales y las distintas producciones o “inventos” que va armando.
Así es como las sesiones transcurren en ordenar su caja, seleccionar los materiales que va a guardar, y confeccionar repetidas listas de cosas que me pide que lleve para proveer a su caja (temperas, plasticolas, brillantina, etc.).
Y sus producciones van desde portalápices, un tablero para jugar al ta-te-ti, tarjetas de regalo para sus amigos y para sus padres, y objetos decorados a los que pinta y embellece con colores y brillos.

Se produce la interrupción por el período de vacaciones, y algunas ausencias más, lo cual hace que reanudar el proceso no sea algo ordenado. Un llamado de la madre pidiendo un turno urgente porque van a operar a Valentina. Se trataría de una operación para corregir un sobrehueso en su piernita que estaba obstaculizando la adaptación a la prótesis. Operación que la madre describe como “algo simple, ya que le dan la anestesia, se duerme, y al despertarse no pasó nada”. Algo así son las palabras de la madre, con la que se hace muy difícil combinar una entrevista para hablar del tema, y en general se va a hacer muy difícil convocarla para hablar de esta operación y todo lo que a ella le genera esta situación que debe atravesar Valentina, como así también todo lo que hacía a la historia en relación a la enfermedad y a las sucesivas intervenciones quirúrgicas que su hija tuvo que atravesar.

En su sesión Valentina habla de su operación, dice que no le gusta la idea de operarse porque no quiere dejar de ir a la escuela, porque se va a aburrir en su casa. Y es por eso que me pide llevarse un juego del consultorio para usarlo en su casa durante el tiempo que dure su recuperación.

A la semana siguiente, vuelve al consultorio. La operación no se pudo hacer. Valentina tuvo una crisis durante su preparación en el quirófano, cuando siente el olor de la anestesia se descompone, y según cuentan las enfermeras, entra en una crisis de llanto y dice “yo tengo miedo a morirme en la operación”. Esto lo relata su madre, en una sesión donde entran juntas y  comienzan a hablar.
La madre dice: “Fue todo tan cansador, que casi no hablamos del tema en casa, recién ahora lo hacemos”. Valentina cuenta que lo que le molestó fue el olor de la anestesia que la hizo sentir ahogos y vomitar, pero no recuerda haber dicho que tenía miedo a morirse.

Operación postergada, acontecimiento que no pasa para nada desapercibido. Se produce una conmoción en los padres y en el equipo de médicos del hospital que no se explican como si Valentina atravesó bien operaciones previas de más chica, justamente en esta que es tan simple sucede esto.

Este hecho también conmociona en la escuela, donde tenían a Valentina como una nena especial, y casi como un modelo de cómo llevaba su problema. Una nena a la que maestros y compañeros debían proteger y cuidar de que nada la lastimara.
Al ofrecerle en su espacio hablar de lo sucedido y de la operación en sí a Valentina, ella solo puede decir en que le dijo la doctora que la operación puede esperar, entonces ya que hay un tiempo, ella quiere que sea después de que pase su cumpleaños, porque quiere festejarlo.

Surge a su vez un intento, a pedido de la cirujana del hospital, que Valentina tenga encuentros con la psicóloga del equipo de psicoprofilaxis, para prepararla para la operación. Pero, Valentina se resiste, tiene un par de encuentros pero no quiere hablar allí, ella sostiene que ya tiene su lugar para hablar, refiriéndose a su tratamiento. Por ello, y a partir de una accesible comunicación con la terapeuta del equipo se decide respetar la posición de Valentina e interrumpir dichos encuentros.

Ante esta decisión mi apuesta fue abrir lugar a hablar de la operación, pero respetando y manteniéndome firme en seguir propiciando la continuidad de todo lo que Valentina venía produciendo, me refiero a todo lo que ella iba armando sesión a sesión antes de la irrupción de la frustrada operación.

Y así fue como ocurrió. Las sesiones transcurrían en continuar ese trabajo, e ir introduciendo el tema como se hacía posible. Lo que en principio Valentina toma y empieza a hablar es de la necesidad de postergar la intervención para poder festejar su cumpleaños. Se abre entonces un tiempo para hablar de su próximo cumple, mientras la operación queda suspendida.

Pero, pronto empiezo a escuchar que los padres estaban haciendo los preparativos para festejar los dos cumpleaños juntos, el de Valentina y el de su hermanita, siendo que ésta última los cumplía diez días después, el festejo se haría en esa última fecha.
Ya lanzados los preparativos, el alquiler del salón y demás, como en una emergencia, esto precipitaba y no había ya tiempo para hablar con los padres y dar lugar a producir algún cambio, alguna diferencia posible para festejar el cumpleaños de Valentina.

Luego de alguna falta ausencia que se interpone, Valentina vuelve a las sesiones, pero emerge una nueva crisis. Valentina está muy angustiada, no puede dormir, entra en crisis de llanto en las noches, y lo único que la calma es pasarse a la cama de los padres.
Este es el síntoma que produce un viraje, y se convierte en aquello que la convocará a hablar por varios encuentros, e incluso a llamarme por teléfono varias noches en medio de su angustia.

Valentina dice cosas como: “Ya hice de todo Marce, pero igual no puedo dormir, decime que tengo que hacer”, “ya me dijeron que no me van a operar,  por eso no puede ser eso, yo ya no tengo miedo”.
Al preguntarle cuando le empieza a suceder esto, Valentina refiere que fue la noche del día de cumpleaños de su hermana. Y dice: “celos no pueden ser porque mi papá me hizo más regalos a mí”. Ante lo cual le digo: “Pero, a vos te hubiera gustado festejar tu cumple separado del de tu hermana, no?”.
Ante esta pregunta empieza a hablar de los celos por su hermana. “Hace 3 años  cuando ella no estaba eran tan distintas las cosas, todo era mejor, ahora ella me saca mis cosas, y mi mamá me reta siempre a mí y a ella no”.

Otro día, estando con mucho dolor de garganta, Valentina insiste a su madre para que la lleve igual al consultorio porque ella necesitaba mucho hablar. Así es como durante prácticamente toda la sesión llora y dice: “No sé que me pasa, pienso todo el día en como va a ser la noche, yo ya no me puedo dormir más. Cada cosa que intento, leer libros, escuchar música, todo lo que me dicen pero nada me sirve. No me puedo concentrar en nada, no puedo hacer los deberes y también ahora estoy triste en la escuela. Y cuando está mi hermana  es peor, yo sé que tengo celos por ella, pero no puede ser eso. Cada vez siento más odio por mi hermana, no la quiero ver más, no sé que me pasa pero no la aguanto.”

Mientras, insiste en decirme que la única solución que encuentra es dormirse en la cama de sus padres. Y se empiezan a dar situaciones fuertes en lo transferencial, porque en sus llamados telefónicos, muy angustiada, me dice cosas como “ decime que tengo que hacer, ya hice de todo”.
Y concretamente aparece el fuerte pedido: “Marce, dejame que vaya a dormir a la cama con mamá y papá”.

Ante esta demanda, intento proponerle otras estrategias como leer cuentos, charlar con sus padres un rato, en su propia habitación, como intentando propiciar que fuera alojada en algún lugar pero sin llegar a la cama de sus padres.

El resto es la apuesta a que pueda hablar sesión a sesión de esto que le pasaba, aún cuando no le pudiera dar respuestas a sus preguntas sobre que tenía que hacer. Le digo que hay cosas que tendremos que descubrir o develar, que tienen que ver con esa angustia que como ella decía sentía en el cuerpo, en la garganta. Algunas cosas que ya había empezado a hablar.

Además de los celos respecto a su hermana, también empieza a hablar de su malestar en la escuela. Otro quiebre que se produce, y la confronta con la castración podría decirse, ya que hasta ese momento la escuela era un lugar ideal donde Valentina era tratada muy especialmente, con una protección tanto de los adultos como de sus propios compañeros que la exceptuaba de ser una nena como las demás. A partir de este momento, ya parecía no ser tan así, una nueva compañerita que había ingresado este año empieza a cargarla y le dice tonta, entre otras cosas. Así empiezan a ponerse en juego una serie de escenas de rivalidad, con toda la angustia y el malestar que esto le generaba. Así es como dice: “No los aguanto, me molestan, me siento distinta a ellos, me dicen cuatro patas, y me cargan por como camino.”

Al tiempo que se daba esto, Valentina me dejaba cartitas, cartas donde me pedía que la ayudara, cartas con caritas tristes, algunas que también le había dado a  su mamá para mostrarle que ya no estaba como antes.. Esto me llevaba a pensar o a preguntarme por el lugar de la escritura también en su intento de tramitar aquello que la confronta con la castración, lo traumático.

Empezamos también a dejar por escrito algunas cosas que se iban ubicando, aquellas cosas que la angustiaban: los celos, el malestar con sus compañeros, y la operación, que si bien era lo que más dejaba afuera aparecía aun bajo la forma “no puedo tener miedo a eso si ahora no me van a operar, eso va a pasar más adelante.”

Por eso la idea era incluir el tema de la operación, que aunque postergada tendríamos que hablar también de eso. En algún momento ella trae una asociación, recuerda que su maestra una vez que se operó les contó que tuvo miedo.

Así es como a partir de ir ubicando con ella que puede tener miedo a “la operación” ella un día puede decir “creo que tengo miedo a dormirme y no despertarme más”.

Al poco tiempo, donde había cedido solo en parte su dificultad para dormir, Valentina vuelve a producir una conmoción en la escuela. En pocas semanas sería la fecha del aniversario de nacimiento, o sea el día del cumpleaños de Facundo, al decir de Valentina. Para ese día ella venía organizando un acto, ir a visitar a la madre de Edu con su grupo de compañeritos. Ella misma es quien organiza todo, prepara una carta para la madre, y deja sentado al modo de un acta por escrito lo que sería ese acontecimiento.

Cuando digo conmoción es porque este hecho moviliza a los directivos y a padres de los otros chicos. Finalmente tuve que intervenir de algún modo, y mi apuesta fue que no se impidiera a Valentina hacer algo de lo que venía armando. Me parecía que se tenía que preservar para ella la posibilidad de que algo del orden del acto, de la conmemoración, algo que del orden de lo ficcional, de lo simbólico operase como recurso de tramitación psíquica ante la pérdida.

Valentina podía hablar, algunos días con entusiasmo, otros más desalentada ante la posibilidad de que no se pudiese hacer esa visita. Hasta que finalmente se produce ese acto, emocionada me cuenta como fue, y puede volver a hablar de lo triste que fue el día que se enteraron de la muerte de Eduardo, rememora lo que fueron esos días, y habla de cómo ahora lo recuerdan y lo extrañan.

En algún próximo encuentro Valentina llega contenta y me cuenta que pudo dormir sola. Y deja sentado por escrito y con su firma la fecha de ese día.

Esto parece marcar como un momento en el tratamiento, un día ella guarda todas esas cartitas en un sobre y me dice que no se lo vaya a mostrar a nadie, y que no quiere guardarlas en su caja sino que las guarde en mi agenda.

Se inicia como otro tiempo en que vuelve a reencontrarse con su caja y sus materiales pero esta vez empieza a ordenarlos, un orden que la lleva a tirar algunas cosas que “ya no sirven”.

Había algo que a mí me seguía interrogando, me preguntaba “y qué de la operación?”, ya que el no tener una fecha que ubicara la operación en el tiempo, complicaba las cosas. En este tiempo se produce como un impasse coincidiendo con que la médica que debería operarla está enferma y de licencia. De todos modos, era un tema a abordar, que había que diferenciar, que si bien no se opera por ahora, no es que ya no se va a operar.
También intenté iniciar un trabajo mayor con la madre, con todo el trabajo que implicaba convocarla a las entrevistas, porque le costaba mucho ubicarse frente a todo lo que era tomar decisiones y todos los trámites que le demandaban ocuparse de hacer las consultas en el hospital. Le costaba mucho acercarse, informarse, implicarse ella con el tema. Mucho más difícil era hablar de esto con el padre, este se ocupaba de trabajar, el trabajo lo absorbía.

Cada tanto, en las sesiones vuelvo a decirle a Valentina, que tenemos que retomar, incluir el tema de la operación, pero ni bien lo menciono ella misma me dice “sí Marcela, ya sé  tenemos que hablar de eso”

Un par de sesiones siguientes, quiere jugar a alguna otra cosa, ante lo cual me pregunto nuevamente nos olvidamos de la operación?. Pero, para mi sorpresa en la última sesión Valentina trae a su conejito de peluche Pompín, que ya me había presentado alguna otra vez. Pompín es el muñeco que la acompañó siempre en sus operaciones y con el cual dormía. Esta vez lo lleva lavadito, y me dice que lo quiso traer para que hablemos o juguemos con él, o que simplemente esté allí mientras nosotros jugamos con otros muñecos.

Y empieza a hablar de Pompin, me dice “te acordás que él me acompañaba a mis operaciones”.y me pide que le compre un cuaderno para escribir allí la historia del osito. Y así, adornamos el cuaderno y empezamos a escribir la historia de Pompín.

Hasta aquí el recorrido. Algunas de mis preguntas: será este es el nuevo camino que se abre, camino a la historia de Pompín, testigo de sus operaciones, de su relación con lo traumático? Se abrirá entonces el momento de empezar un camino hacia la historia, una escritura, un camino ficcional, un camino hacia un cuento donde pueda ser contado aún con la pérdida, aún con aquella página que falta?

 

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